La delicada situación social y económica de Japón luego de la Segunda Guerra Mundial, obligaron al gobierno de este país a buscar soluciones para descongestionar la compleja situación en la cual vivía la sociedad nipona. Esta realidad motivó a que el gobierno japonés buscara en América Latina países en donde pudieran instalar colonias de japoneses para el desarrollo de la agricultura en los países receptores.
Brasil, Argentina, Bolivia, Perú fueron los principales destinos, aunque una importante cantidad de familias se instalaron en la República Dominicana. Corría el mes de octubre de 1954 cuando representantes del gobierno japonés manifestaron el interés de instalar en territorio dominicano una considerable cantidad de familias japonesas.
Luego de las formalidades logísticas entre ambos gobiernos, el 26 de julio de 1956 llegaron los primeros inmigrantes japoneses a bordo del trasatlántico “Brasil-Marú”, el 27 de julio de 1956, los inmigrantes ofrecieron una hermosa ceremonia a bordo del barco, en la cual representaron bailes y cantos japoneses, en agradecimiento a la acogida recibida. Este grupo fue ubicado en el paraje denominado “La Vigía” en Dajabón, pero muchas de estas familias no se acostumbraron a las condiciones del lugar y se trasladaron a Constanza.
Hasta 1959 continuaron llegando grupos de familias japonesas que se instalaron en diferentes municipios de la geografía nacional, como Constanza, Jarabacoa, Neyba, Duvergé, Bahoruco y Mansanillo, donde se instaló un grupo de pescadores. Este ambicioso proyecto migratorio no tuvo el éxito previsto, debido a que en 1958, la situación política y económica del país se tornó inestable y el régimen trujillista comenzó a deteriorarse progresivamente hasta la cancelación del proyecto en 1960.
En 1963 el gobierno japonés ofreció a los inmigrantes japoneses establecidos en la República Dominicana el regreso al Japón o su reubicación en otros países donde el programa de colonias japonesas había funcionado con éxito. Brasil y Argentina recibieron a muchos japoneses.